Este es un artículo algo diferente de los demás. No habla de una técnica, sino de una cuestión que hoy atraviesa toda la medicina estética: nuestra relación, cada vez más mediada por las pantallas, con nuestra propia imagen.

Cuando la pantalla deforma la realidad

Ha surgido un fenómeno en la literatura médica: la «Snapchat dysmorphia» (descrita ya en 2018 en JAMA Facial Plastic Surgery). Los pacientes ya no piden parecerse a una celebridad, sino a la versión filtrada de sí mismos — labios más carnosos, nariz afinada, ojos agrandados. El problema: ese rostro no existe. Es una imagen, no una persona. Los estudios han mostrado que un uso intensivo de las aplicaciones de retoque se asocia a una menor autoestima y a una mayor aceptación de la cirugía estética.

Mujer observando una versión idealizada y filtrada de sí misma en su teléfono
Ilustración — la brecha entre el rostro real y su imagen filtrada alimenta una relación alterada con uno mismo.

La IA, nuevo amplificador

La inteligencia artificial generativa añade otra capa. Se han mediatizado casos, incluso dentro del propio mundo tecnológico, de personas que desarrollan creencias delirantes alimentadas por intercambios prolongados con chatbots — un fenómeno que revisiones recientes proponen llamar «psicosis IA» (JMIR Mental Health, BJPsych Open, The Lancet Digital Health, 2025-2026). Un comentario publicado en Internet Interventions recuerda con acierto que no es nuevo: los medios siempre han podido alimentar delirios; la IA, por su carácter conversacional y «a medida», solo amplifica el mecanismo.

¿La relación con mi profesión? Una herramienta que devuelve permanentemente una imagen idealizada y modificable de uno mismo puede instalar o agravar una distorsión de la percepción corporal. Y ese es precisamente el terreno de la dismorfofobia.

La dismorfofobia: una patología real

El trastorno dismórfico corporal (BDD) es un sufrimiento psiquiátrico reconocido: una preocupación excesiva e invasiva por un defecto físico imperceptible o mínimo para el entorno. Afecta a alrededor del 1 al 2 % de la población general — pero mucho más entre quienes consultan en estética: según los estudios, del orden del 15 al 20 %, o incluso más para ciertas demandas (rinoplastia en particular).

El punto esencial: en estos pacientes, la cirugía no hace desaparecer el sufrimiento. Lo más frecuente es que lo desplace hacia otra zona del cuerpo, o lo agrave. Por eso la dismorfofobia se considera, por lo general, una contraindicación a la cirugía estética: operar equivaldría a tratar el síntoma aparente ignorando la causa real.

Mi papel: saber decir no

Una parte importante de mi trabajo consiste en escuchar y evaluar la demanda, no solo el rostro o el cuerpo. Cuando percibo los signos de una dismorfofobia — demandas repetidas y nunca satisfechas, expectativas irreales, angustia desproporcionada, obsesión por un detalle invisible — mi deber no es operar, sino orientar hacia una atención adecuada (psicólogo, psiquiatra). Rechazar una intervención es a veces el mayor servicio que un cirujano puede prestar.

Es también todo el sentido de mi práctica: buscar un resultado natural que te reconcilie con tu imagen real, en lugar de perseguir una versión filtrada que no existe. Es el hilo de mi artículo sobre la cirugía estética invisible.

Mi objetivo no es convertirte en otra persona, ni en tu propio filtro: es ayudarte a sentirte bien con el rostro que es el tuyo.

Fuentes: Rajanala S. et al., «Selfies—Living in the Era of Filtered Photographs», JAMA Facial Plastic Surgery, 2018; «Cosmetic Surgery and Body Dysmorphic Disorder – An Update», PMCPMC5986110; «AI Psychosis», JMIR Mental Health 2025 — PMID 41273266; «AI psychosis: mechanisms, clinical risks», BJPsych Open 2026 — PMID 42273786; «Functional typology of LLM-associated psychotic phenomena», The Lancet Digital Health 2026 — PMID 41833467; «AI psychosis is not a new threat», Internet Interventions 2025 — PMID 41141286.

Aviso médico: este artículo tiene una finalidad informativa y de sensibilización; no constituye un consejo psiquiátrico. La dismorfofobia es un trastorno que requiere atención especializada. Si tú, o alguien cercano, te reconoces en esta descripción, habla con tu médico. En caso de angustia, un profesional de salud mental puede ayudarte.